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Hepatitis C

Datos y cifras

  • La hepatitis C es una enfermedad hepática causada por el virus de la hepatitis C (VHC).
  • La infección por VHC produce a veces enfermedad sintomática, que puede ir desde una afección leve que solo dura algunas semanas hasta una afección crónica, de por vida, que puede conducir a la cirrosis y al cáncer de hígado.
  • El VHC se transmite por contacto con la sangre de personas infectadas.
  • La infección por VHC se puede adquirir por compartir agujas, jeringuillas y otro material utilizado para inyectarse drogas; por transfusiones de sangre o productos sanguíneos y por trasplante de órganos de personas infectadas; por lesiones con objetos cortopunzantes contaminados por el VHC, o por transmisión vertical de la madre infectada a su hijo.
  • Hay unos 130-170 millones de personas con infección crónica por el VHC, y al año se producen más de 350 000 muertes por enfermedades hepáticas relacionadas con la hepatitis C.
  • Pese a que se sigue investigando, todavía no hay vacunas para prevenir la infección por el VHC.   

La hepatitis C es una enfermedad hepática contagiosa causada por la infección por el virus de la hepatitis C (VHC). La enfermedad puede ser leve y durar solo algunas semanas, o grave y de por vida. El VHC suele transmitirse por la sangre y se encuentra entre los virus que con más frecuencia infectan el hígado.

Se calcula que el VHC infecta cada año a 3-4 millones de personas. Hay unos 130-170 millones de personas con infección crónica por el VHC y en riesgo de contraer cirrosis y/o cáncer hepático. Anualmente mueren más de 350 000 personas por enfermedades hepáticas relacionadas con el VHC.

La infección por el VHC tiene una distribución mundial. Los países con mayores tasas de infección crónica son Egipto (22%), Pakistán (4,8%) y China (3,2%). El principal modo de transmisión en esos países se atribuye a la administración de inyecciones con material contaminado.

Transmisión

El virus suele transmitirse por exposición a sangre infectada a través de: transfusiones de sangre o productos sanguíneos y trasplantes de órganos; inyecciones administradas con jeringuillas contaminadas; lesiones por material cortopunzante en el entorno sanitario, y consumo de drogas inyectables.
 
Las madres infectadas por el VHC también pueden transmitirlo a sus hijos durante el parto. La transmisión a través de las relaciones sexuales con personas infectadas y por compartir objetos personales contaminados con sangre infectada es menos frecuente.

La hepatitis C no se transmite por la leche materna, los alimentos ni el agua, ni por contactos casuales como los abrazos, los besos o el hecho de compartir alimentos o bebidas con personas infectadas.

Diagnóstico

La infección aguda no se suele diagnosticar porque las personas infectadas son asintomáticas. Los métodos habituales de detección de anticuerpos no permiten diferenciar las infecciones agudas de las crónicas. La presencia de anticuerpos anti-VHC indica que una persona está o ha estado infectada. Para confirmar el diagnóstico de la infección por el VHC se utilizan la prueba de inmunotransferencia con antígenos recombinantes del VHC (RIBA) y la detección del ARN del virus.

El diagnóstico de la infección crónica se establece cuando hay anticuerpos anti-VHC durante más de 6 meses. Al igual que en las infecciones agudas, el diagnóstico debe confirmarse con otra prueba. Para evaluar las hepatopatías, y en particular la cirrosis y el cáncer hepático, se suelen utilizar pruebas especializadas.

Realización de pruebas

El hecho de saber que una persona está infectada puede prevenir los problemas de salud derivados de la infección por VHC, así como la transmisión a los familiares y otros contactos íntimos. En algunos países se recomienda la realización de pruebas de detección a las personas que pueden tener riesgo de contraer la infección, tales como:

  • quienes recibieron sangre, productos sanguíneos u órganos antes de que se implantaran las pruebas de detección del VHC o quienes viven en lugares donde la realización de dichas pruebas todavía no está generalizada;
  • los consumidores o ex consumidores de drogas inyectables (aunque fuera hace muchos años);
  • los pacientes en hemodiálisis crónica;
  • los profesionales sanitarios;
  • las personas infectadas por el VIH;
  • las personas con enfermedades hepáticas o pruebas funcionales hepáticas alteradas;
  • los lactantes hijos de mujeres infectadas.

Prevención

Prevención primaria

Al contrario de lo que ocurre con los virus de las hepatitis A y B, no hay vacunas para prevenir la infección por el VHC. El riesgo de infección se puede reducir evitando:

  • las inyecciones innecesarias y administradas sin condiciones de seguridad;
  • los productos sanguíneos no seguros;
  • la recolección y eliminación no segura de objetos cortopunzantes;
  • el consumo de drogas ilícitas y el intercambio de material de inyección;
  • las relaciones sexuales sin protección con personas infectadas por el VHC;
  • el intercambio de objetos personales cortopunzantes que puedan estar contaminados por sangre infectada;
  • el tatuaje, el piercing y la acupuntura realizados con material contaminado.

Prevención secundaria y terciaria

Las personas infectadas por el VHC deben:

  • recibir educación y asesoramiento acerca de las opciones asistenciales y terapéuticas;
  • vacunarse contra las hepatitis A y B para prevenir la coinfección por estos virus y proteger así el hígado;
  • buscar rápidamente atención médica apropiada, que puede consistir en la administración de antivíricos, y
  • someterse periódicamente a pruebas que permitan diagnosticar tempranamente las enfermedades hepáticas.

Diagnóstico

La infección aguda no se suele diagnosticar porque las personas infectadas son asintomáticas. Los métodos habituales de detección de anticuerpos no permiten diferenciar las infecciones agudas de las crónicas. La presencia de anticuerpos anti-VHC indica que una persona está o ha estado infectada. Para confirmar el diagnóstico de la infección por el VHC se utilizan la prueba de inmunotransferencia con antígenos recombinantes del VHC (RIBA) y la detección del ARN del virus.

El diagnóstico de la infección crónica se establece cuando hay anticuerpos anti-VHC durante más de 6 meses. Al igual que en las infecciones agudas, el diagnóstico debe confirmarse con otra prueba. Para evaluar las hepatopatías, y en particular la cirrosis y el cáncer hepático, se suelen utilizar pruebas especializadas.

Progresión de la enfermedad

Aproximadamente un 80% de los casos no presentan síntomas tras la infección inicial. Los casos con síntomas agudos pueden presentar fiebre, cansancio, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, dolor abdominal, orinas oscuras, heces claras, dolores articulares e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos). La aparición de síntomas en personas con infección crónica puede indicar que padecen enfermedad hepática avanzada.
Un 60-70% de las personas con infección crónica acaban presentando hepatopatía crónica.